Cómo crear un personaje para mi novela (cinco pasos)

Cómo crear un personaje para mi novela[Este post pertenece al minicurso gratuito de Escritura Creativa por Email]

Nada es más vivo en una historia que un personaje. Existen personajes principales, secundarios, terciarios… Existen otros que solo conocemos por referencias, como Papaíto Piernas Largas del libro del mismo nombre; o los de Roberto Bolaño en su novela Los detectives salvajes, tan reales que asustan.

Algunos lectores exigentes, como yo, nos aburrimos fácilmente cuando las historias van de lo mismo: el llamado al héroe, en el que es sacado de su vida mundana; el rechazo del héroe a la aventura; la aparición de una ayuda sobrenatural; las pruebas que el héroe debe sobrepasar para validarse como tal; el amor fortuito y la demostración de que tiene poder; el enfrentamiento a un ente poderoso que resultará en su muerte o en su derrota momentánea; la aparición de un don que solo él conoce, y finalmente el momento en que vence y cumple su tarea.

Lo anterior es, en breves rasgos, el monomito —investiga en Google para que amplíes más sobre el tema— y es una vieja fórmula.

Estoy seguro que muchas historias te parecieron conocidas cuando te conté el monomito, desde la de Spiderman hasta Harry Potter, pasando por El Hobbit. Sin embargo, en muchos casos asistimos al monomito y algo nos hace quedarnos leyendo, aunque podamos imaginar lo que sucederá.

No sé a ti, pero, a veces, un personaje o el ecosistema entre ellos puede ser tan fuerte que nos engancha a la lectura, sin más.

Por ello, la lección de hoy se dedica a construir el personaje, con algunos consejos sencillos. No se trata de una profunda disertación, pues cada autor tiene sus métodos, y algunas cosas que funcionan para mí, puede que no trabajen en tu historia.

#1. La descripción física:

Las descripciones físicas pueden, en muchos casos, aportar muchísima información acerca del personaje. La cosa está en la manera de describirlos. Es recomendable no recurrir a lo más fácil, como en el caso de: «Protagonista se miró al espejo. Le devolvió una imagen de un chico blah blah…».

La descripción física es importante para muchos lectores y autores, no para mí. Prefiero que me den detalles generales para sentirme más libre de imaginarlo, aunque eso no significa que sea la práctica correcta. Por ejemplo, Fiodor Dostoievski hace una descripción rápida y acertada de su personaje principal, Rodion Raskolnikov, en la novela Crimen y Castigo:

Una expresión de amargo disgusto pasó por las finas facciones del joven. Era, dicho sea de paso, extraordinariamente bien parecido, de una talla que rebasaba la media, delgado y bien formado. Tenía el cabello negro y unos magníficos ojos oscuros.

Sin embargo, observemos cómo describe a la anciana con la que el protagonista intentará hacer un negocio:

La vieja permanecía inmóvil ante él. Era una mujer menuda, reseca, de unos sesenta años, con una nariz puntiaguda y unos ojos chispeantes de malicia. Llevaba la cabeza descubierta, y sus cabellos, de un rubio desvaído y con sólo algunas hebras grises, estaban embadurnados de aceite. Un viejo chal de franela rodeaba su cuello, largo y descarnado como una pata de pollo, y, a pesar del calor, llevaba sobre los hombros una pelliza, pelada y amarillenta.

El caso aquí es que el personaje de Raskolnikov se desarrollará durante cientos de páginas, mientras que la vieja será un personaje pasajero. El objetivo de Dostoievski era crear en el lector —en mí lo crea— cierto sentimiento de desprecio hacia la vieja, que irá creciendo en tanto sigamos leyendo la novela, a través de los diálogos.

Es decir, la descripción física es útil, pero no por lo exhaustiva. Si lo mejor que puede dar tu protagonista está en su físico, deberías repensar la novela, a no ser que la apariencia sea definitoria para la trama.

#2 La rutina

Las rutinas de los personajes aportan información valiosa y, a la vez, que el lector aprecia. Ofrece el panorama humano de nuestra creación en una faceta más humana; esa en la que no se halla salvando el mundo o haciendo el mal.

Un ejemplo que me gusta mucho es el de Glokta, personaje del libro La voz de las espadas de Joe Abercrombie:

Primero, el golpe seco de su talón derecho, luego el leve toque del bastón y, finalmente, el interminable arrastre de su pie izquierdo, acompañado, como de costumbre, por unos dolores punzantes que le repercutían en el tobillo, la rodilla, las posaderas y la espalda. Golpe, toque y dolor. Ese era el ritmo de su andar.

Si le hubieran dado la oportunidad de someter a tortura a un hombre, al que fuera, Glokta habría elegido sin duda al inventor de los escalones (…)

Conocía muy bien aquel tramo. Dieciséis escalones labrados en piedra lisa, un poco desgastados por el centro y algo húmedos, como lo estaba todo allí abajo. Sin barandilla ni nada a lo que agarrarse. Dieciséis enemigos. Un auténtico reto. Le había llevado su tiempo dar con el método menos doloroso para bajar escaleras. Avanzaba de lado, como los cangrejos. Primero el bastón, luego el pie izquierdo y después el derecho, acompañado de un dolor más agónico del habitual, al tener que descargar el peso sobre la pierna izquierda, y de unas punzadas constantes en el cuello. ¿Por qué tiene que dolerme el cuello cuando bajo escaleras? ¿Acaso es el cuello el que carga con mi peso? De todos modos, el dolor era innegable.

Su mano temblaba sobre la empuñadura del bastón y la pierna izquierda le dolía brutalmente. Se pasó la lengua por las encías delanteras, donde en tiempos había tenido dientes, respiró hondo y dio un paso adelante.

La rutina de Glokta nos aporta sus rasgos principales: es un lisiado, está amargado de la vida y tiene un humor lleno de perspicacia. Es ácido, y al menos desde el momento en que leí este pasaje quedé fascinado con él.

#3 El mundo interior

El mundo interior de los personajes es tan importante como los hechos que se narran. Logra que posea un mundo interior rico, lleno de contradicciones, problemas y matices; que no sea totalmente malo o totalmente bueno.

Para ello, el monólogo interior o flujo de conciencia, del que hablamos en la lección 2 es muy útil. Sin embargo, puede lograrse desde narraciones tradicionales, incluyendo de vez en cuando algunos pasajes que exterioricen ese mundo interior, o líneas de pensamiento.

Veamos un ejemplo, tomado de Ana Karenina, de León Tolstoi:

Aunque no solía pensar seriamente en el caso, venía suponiendo desde tiempo atrás que su esposa sospechaba que no le era fiel, pero quitando importancia al asunto. Creía, además, que una mujer agotada, envejecida, ya nada hermosa, sin atractivo particular alguno, buena madre de familia y nada más, debía ser indulgente con él, hasta por equidad.

¡Y he aquí que resultaba todo lo contrario!

«¡Es terrible, terrible! », se repetía Esteban Arkadievich, sin hallar solución. «¡Con lo bien que iba todo, con lo a gusto que vivíamos! Ella era feliz rodeada de los niños, yo no la estorbaba en nada, la dejaba en entera libertad para que se ocupase de la casa y de los pequeños. Claro que no estaba bien que ella fuese precisamente la institutriz de la casa. ¡Verdaderamente, hay algo feo, vulgar, en hacer la corte a la institutriz de nuestros propios hijos!… ¡Pero, qué institutriz! (Oblonsky recordó con deleite los negros y ardientes ojos de madeimoselle Roland y su encantadora sonrisa.) ¡Pero mientras estuvo en casa no me tomé libertad alguna! Y lo peor del caso es que… ¡Todo eso parece hecho adrede! ¡Ay, ay! ¿Qué haré? ¿Qué haré?» (…)

«Ya veremos», se dijo, mientras se ponía la bata gris con forro de seda azul celeste y se anudaba el cordón a la cintura.

Las líneas de pensamiento, introducidas con las comillas españolas —«»— pueden ser muy útiles como apoyatura para lograr un personaje más profundo.

#4 La manera de hablar

La forma en que habla nuetsro personaje es definitoria para los lectores. Los ayuda a completar todo el paquete: apariencia, mundo interior, exteriorización verbal. Da una pista sobre los orígenes del personaje, o su proyección de la vida.

No es natural que un profesor de Harvard se exprese de la misma manera que un pandillero del Bronx, o toquen los mismos temas en sus conversaciones.

Asimismo, es interesante, cuando se cuenta en primera persona, lograr el balance natural entre el tono del narrador y lo que él mismo dice en situaciones determinadas. Por ejemplo, el caso de El guardián entre el centeno de J. D. Salinger, donde Holden Caufield narra.

A continuación una escena en la que Holden visita una casa donde viven dos ancianos:

Nunca me ha gustado ver a viejos ni en pijama, ni en batín ni en nada de eso. Van enseñando el pecho todo lleno de bultos, y las piernas, esas piernas de viejo que se ven en las playas, muy blancas y sin nada de pelo.

—Buenas tardes, señor —le dije—. Me han dado su recado. Muchas gracias.

Me había escrito una nota para decirme que fuera a despedirme de él antes del comienzo de las vacaciones.

—No tenía que haberse molestado. Habría venido a verle de todos modos.

—Siéntate ahí, muchacho —dijo Spencer—.

Se refería a la cama. Me senté.

—¿Cómo está de la gripe?

—Si me sintiera un poco mejor, tendría que llamar al médico —dijo Spencer.

Se hizo una gracia horrorosa y empezó a reírse como un loco, medio ahogándose. Al final se enderezó en el asiento y me dijo:

—¿Cómo no estás en el campo de fútbol? Creí que hoy era el día del partido.

—Lo es. Y pensaba ir. Pero es que acabo de volver de Nueva York con el equipo de esgrima —le dije.

¡Vaya cama que tenía el tío! Dura como una piedra. De pronto le dio por ponerse serio. Me lo estaba temiendo.

—Así que nos dejas, ¿eh?

—Sí, señor, eso parece.

Empezó a mover la cabeza como tenía por costumbre. Nunca he visto a nadie mover tanto la cabeza como a Spencer. Y nunca llegué a saber si lo hacía porque estaba pensando mucho, o porque no era más que un vejete que ya no distinguía el culo de las témporas.

—¿Qué te dijo el señor Thurmer, muchacho? He sabido que tuvisteis una conversación.

—Sí. Es verdad. Me pasé en su oficina como dos horas, creo.

—Y, ¿qué te dijo?

—Pues eso de que la vida es como una partida y hay que vivirla de acuerdo con las reglas del juego. Estuvo muy bien. Vamos, que no se puso como una fiera ni nada. Sólo me dijo que la vida era una partida y todo eso… Ya sabe.

—La vida es una partida, muchacho. La vida es una partida y hay que vivirla de acuerdo con las reglas del juego.

—Sí, señor. Ya lo sé. Ya lo sé.

De partida un cuerno. Menuda partida. Si te toca del lado de los que cortan el bacalao, desde luego que es una partida, eso lo reconozco. Pero si te toca del otro lado, no veo dónde está la partida. En ninguna parte. Lo que es de partida, nada.

#5 La historia de fondo

Este es muy importante. La historia de fondo de nuestro personaje es la que influye en sus decisiones. De dónde proviene, qué lo motiva, si se ha enamorado alguna vez…

Una práctica que me gusta mucho es la de esbozar el personaje, dibujarlo en una hoja de papel, y por detrás hacer una especie de ficha con rasgos tanto de la personalidad como su historia de vida hasta el momento en que aparece en la historia que narro.

Tener todo eso en mente, construirle un mapa de relaciones familiares y amorosas, escribir sus fobias, sus rutinas, todo lo que se te ocurra para hacerlo más humano puede ayudarte.

Mantenlo en tu cabeza y será más fácil narrar.

Estos cinco ingredientes no son los únicos que llenan a un personaje, aunque son importantes. ¿Qué otras cosas tienes en cuenta a la hora de diseñar tur personajes? Házmelo saber.

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